Cuando nuestro hijo o nuestro alumno recibe del neurólogo el diagnóstico de déficit atencional, cae un gran peso sobre nuestros hombros y nos surgen interrogantes como:
¿Debemos ser tolerantes?, ¿Lo estaré haciendo bien?, ¿Debo o no exigirle?, ¿Se le debe sancionar?
Esta guía tiene como objetivo informar y ayudar a esclarecerlas para enfrentar bien el problema y no caer en los errores más comunes que solo agravan la situación como: gritar al niño, exigirle lo que no está en condiciones de hacer, golpearlo.
El origen no está claro, se cree que puede ser un problema neurológico con una base genética, que afecta entre un 10 a un 15% de los escolares, principalmente varones y puede ir acompañado de hiperactividad.
En nuestro cerebro hay una especie de filtros que seleccionan los impulsos eléctricos que llegan a las neuronas, y son los responsables de nuestros movimientos; el niño hiperactivo tiene menos filtros efectivos y por eso no selecciona los impulsos, responde a todos y no lo puede evitar, su problema es neurobiológico.
Los síntomas se inician antes de los 7 años, duran a lo menos seis meses y no es un retardo mental ni un trastorno afectivo.
• Niños producto de un embarazo no deseado.
• Uno de los padres presentó estas conductas en la infancia. Tenemos un factor genético.
• Niños con inteligencia normal y en algunas áreas superiores, con respecto a grupos de niños sin el síndrome.
• Niños con inteligencia disarmónica, es decir, con algunas funciones cognitivas altas y otras más bajas.
• Pueden presentar problemas de aprendizaje.